De pronto metió la mano en su bolsillo y enontro una nota:
Usted no me conoce, no me ha visto nunca.Hace un mes que no me ha visto nunca, ni siquiera para tener el derecho de olvidarme.Usted no me ha olvidado, usted me ignora. Yo puedo seguirla, en cambio diariamente. Pero la vi hablar con su amiga y pude seguirla a ella, recibir de ella sus señas. Mañana de noche, a las once, yo estaré en la esquina. Usted vendrá o no.
Lo primero que pensó, está loco. Que se pierda la noche por él. Está chiflado. Pero que estilo ... "usted vendra o no".
Olvidó la nota y comenzo a planificar el día, tenía muchas cosas que hacer y que pensar, cosas mucho más importantes que una simple nota de un desconocido.
Pero ella no pudo y era irrisorio que se conmoviera por alguien totalmente desconocido, pero en verdad no era un rostro especial, ni siquiera un rostro imaginado, sino cierta frescura sin trabas que pugnaba en la carta, cierta franqueza de visionario, inhábil pero orgullosa, y eso bastaba, porque después de todo en este camino solo se habia topado con el mismo hombre en distintas versiones. Asi que decidio ir a su encuentro, no tenía muchas cosas que perder y en su fuero interno había una extraña sensación de curiosidad y esperanza.
Ella lo miró con atención. Era un tipo flaco nervioso, inteligente, con un rostro de veinte años bajo la barba.
- Tienes una mascara antisentimental.
- Así es, no puedo hacer nada al respecto
- dime ahora como te llamas
- Oscar
Empezaron a caminar lentamente hacia la estación del Metro
- Oscar, Oscar, Oscar ...
- ¿Juegas a quererme?
- No. Oscar No. Que imbécil me siento. Nunca estuve tan triste. Como si hubiera perdido la oportunidad, La unica.
Él la miro indeciso, como si fuera a decir algo. Pero el metro abrió sus puertas
- Te quedas o te vas?
- Me quedo
-¿Puedo llamarte algún sitio?
- No no me llames
- Así es mejor, si tu no lo reconoces yo tampoco, así no le hacemos daño a nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario